érase una vez...

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lundi, 5 novembre 2007

Musa

Oh esquiva musa que juegas con el poeta
¿Cuánto te has querido engrandecer?
Simulando tener alma y silueta
y aún hasta cuerpo de mujer.
Cuántos rendidos no caen
Pensando arrodillarse a tus pies
Para arrancarte tus melodías,
tus versos al amanecer.
Sin saber que es el Santo,
el Verdadero
el Espíritu de aquel
que ingenió la Tierra, que ingenió el cielo
quien sus líneas te quiere ofrecer.

Dora Yaneth Thomas

Gracia

Dulce gracia que aniquilas
Todo innoble parecer
Dulce gracia que iluminas
Los ojos que miran mi ser.
No caes en valles, no caes en cimas
¿Cómo te he de merecer?
Pero es tu voluntad suprema
En mí hacerte florecer
Sin encontrar un vaso fértil
De tus hijos te plació
Tornar el desecho estéril
En hogar de tu propio corazón.

Dora Yaneth Thomas

Paciencia

¿Cuántas veces Divino maestro,
Cuántas veces has procurado
Rociar al mundo de tus poemas
Y mi pluma no los ha trazado?
¿Cuántas veces Divino maestro,
Cuántas veces has anhelado
Preñar al mundo de tus melodías
Y mis oídos no se han aguzado?
¿Cuántas veces Divino Maestro,
Cuántas veces has deseado
Seducir mis pupilas con tus primores
Y yo mis ojos he cerrado?
Oh quién creyera que has decidido
Guardar toda tu majestad
Y esperar paciente, llamando en sigilo
Que el corazón humano te dé lugar.

Dora Yaneth Thomas

¿Quién eres?
Fiable presencia dueña de paz.
¿Quién eres?
Tierno murmullo que no intenta vulnerar.
Siempre vuelves
¿Por qué me quieres hablar?
¿Por qué me agradas? ¿Por qué me avivas?
¿Cómo te puedo descifrar?
¿Y por qué siento que te conozco,
De hace tiempo, de otro lugar,
Do no había Tierra, do no había cielo
Do los minutos se negaban a pasar?
Y hay algo dentro, que me confirma;
Un hálito que me hace vibrar.
Que eres mi esencia, que eres mi estima
La vida misma intentando entrar
A su morada, pactada un día
Delante de toda deidad.
Cuando entregaste los corazones,
Y el preciado aliento de tu divinidad.

Dora Yaneth Thomas

Tu escencia

Amado mío,
Me compraste pero no me posees.
Me creaste pero obligarme no quieres.
Qué respeto, que emotivo y qué dulce mano y nido
Los que me ofreces, amado mío
Para cobijarme del frío.
Y no dispones de tus derechos
Sobre mi vida, o sobre mi andar
A menos claro, que yo te pida
Que me acompañes al caminar.
Qué respeto, qué emotivo y qué suave al proponer
Que te reciba amado mío aquí en mi seno, en todo mi ser.

Dora Yaneth Thomas

Sensual deleite

Amado, quién como Tú?
Palabras van y vienen
Sonidos, colores,
Aromas, sabores;
Nada hay, ya lo han escrito
Ahora yo lo he entendido;
Cuán incomparable gloria y majestad
Musa volátil y de alegre andar
Pero hay para todos, pues dispuesto estás.
Seduces, atraes, abrazas, cautivas,
Sacias, saturas, embriagas, culminas,
Queda el deleite, hasta en la última celdilla
Y contar con esto puedo toda mi vida
De la manera más pura tener esta delicia.

Dora Yaneth Thomas

Pasos

Caminando por la calle me encontré una semillita y la sembré
pasaron uno. 2,3 5, 6 y 7 dias
pero nada que crecía mi semilla de café
hasta que un día al abuelo pregunté
y él se reía
porque agua no le eché

vendredi, 2 novembre 2007

susurro

La ciudad es fría.
El blanco púrpura del olvido llega con la brisa calma de tu despedida.
Nada es igual.
Las calles oscuras susurran las innombrables verdades que nunca me atreví a decir,
Las hojas son testigas de mi desaprobación.
Deambulo con la luna al lado y la palabra sabia
Sólo el pasado sabe quien soy
Sólo mis huellas vuelven a ti
Nada es igual.
Tú ya no estás.